Scola tiene la llave

Si bien en el básquet el factor principal para ganar un partido es el juego en equipo,  la presión conjunta de la defensa, más la variedad y rotación de un efectivo juego ofensivo, se sabe que una individualidad que ponga el pecho en los momentos calientes, que saque un conejo de la galera en los segundos finales y que no falle los tiros libres decisivos, resulta esencial para encarar un duelo difícil y de pronóstico cerrado, como será el de mañana ante Brasil. Por suerte, la Selección argentina de básquet cuenta un jugador que encaja a la perfección con tales características, como lo es Luis Scola, símbolo por juego y currículum, ante la ausencia de Emanuel Ginóbili, del grupo nacional que buscará escalar, por lo pronto, a los cuartos de final del Mundial de Turquía.

Lo que viene demostrando Scola en lo que va de competencia no sorprende, ya que es la continuación del nivel que lo llevó a ser figura esta temporada en los Houston Rockets de la NBA; amén de las históricas actuaciones que lo consagraron como uno de los héroes de la Generación Dorada que hizo cumbre en los Juegos de Atenas.

El porteño promedió 29 puntos en la fase de grupos y es el líder del torneo en ese rubro. Pero la dimensión de su juego sobrepasa la distintiva estadística. Capitán argentino ante la ausencia por lesión de “Manu”, Scola es el bombero que apaga los incendios en los momentos calientes, esos en los que la naranja irradia destellos de fuego que derrite las manos del más “talentoso”. Su frialdad, sinónimo de efectivadad en libres y en dobles, más su goleo global y habitual, serán la carta ganadora albiceleste ante un Brasil que viene realizando un buen torneo al mando del viejo conocido Rubén Magnano.

El juego de Scola resulta muchas veces indescifrable para la defensa rival. Sus 2.06 metros y 110 kilos lo hacen suponer un jugador más lento de lo que en realidad es. Es ala pivot pero tiene cualidades de alero y hasta de escolta. Se intuye que mañana su marca principal será Anderson Varejao, el pivot compañero de LeBron James en Cleveland.

En el duelo de grandotes, tiene todas las de ganar Scola, ya que Varejao (2.08 m y 108 k, muy similar a Luis), si bien se destaca por su férrea marca, es un jugador que se hace fuerte en la pintura y se sabe que el tiro ganador del porteño es el doble largo y a esa zona de tiro no llegará firme el brasileño. Ventaja también sería que lo marque Tiago Splitter, y Magnano lo sabe. El jóven pivot que debutará esta temporada en la NBA, si bien es fuerte y jóven, fue un “aprendíz” de Scola cuando el argentino brillaba en el Tau Cerámica español. En los últimos duelos que los enfrentaron, Scola lo dominó a gusto y piacere.

De todas formas, la última palabra será dicha mañana a las 15: horas, cuando el Kayseri Arena sea testigo del clásico sudamericano. Scola, seguramente, tendrá algo que decir…

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